Retales de su Vida (4)

El trato era por dos años, y al cumplirse, cobré los 2 pesos de plata y me fui corriendo a mi casa, que estaba a unos tres kilómetros. Llegué , le conté a mi padre todo lo que había sufrido y que no quería volver;  mi padre lo comprendió y quedé trabajando en casa.

Un mes de agosto, con diez años de edad, unas veinte personas en una finca de la aldea trabajando en el tiempo de mallar el trigo.  Un chaval, vecino y  yo nos peleamos, nada grave, unos empujones. Su padre para separarnos me arrea una bofetada y me voy al suelo. Mi padre le llama la atención.

Tengo un montón de hijos y jamás he tenido la necesidad de pegar a ninguno, acaso ¿no ves que son dos crios?, ¿por qué hiciste eso?.

Para que aprendan a no pelearse.

Si, pero le pegaste a Santiago.

Hombre claro, pues no le iba a pegar al mio, ja,ja,ja. Mirando a su alrededor en forma burlesca.

De repente se olle  ¡paff! y el vecino nuestro se va al suelo, mi padre le había arreado un buen guantazo. Se levantó, y la mayoría de los presentes le lanzó miradas de desaprobación, justificando que no debería haberme pegado y menos aún mofándose de ello. De nuevo todos los allí presentes se pusieron a trabajar. Al final de la jornada se produce el perdón entre ambos y todo zanjado.

Tres años más tarde, el 20 de julio de 1936 el día de la romería de Santa Margarita de Montemaior, en plena romería llegó la noticia de que había empezado la guerra española, al parecer ya había empezado un par de días antes, pero en las aldeas no había electricidad y mucho menos radio con la que enterarse de las noticias. La gente se empezó a alterar y  el campo de la fiesta se convirtió en una batalla campal, donde la mayoría recibió algún que otro palo. A partir de entonces y los siguientes tres años fueron muy tristes. Todos los días se oía llorar a la gente de una aldea a otra, porque tanto venían a buscar a la juventud para la guerra, como aparecía  gente muerta en las zanjas de los caminos.

Continuará…

 

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