Archivos mensuales: enero 2014

Retales de su vida (13)

Zarpó el barco desde el puerto de A Coruña rumbo a Venezuela. Menos mal que llevaba todo pago con el pasaje, porque yo no tenía un céntimo en el bolsillo. Marché empeñado en ocho mil pesetas, que en aquel entonces era mucho dinero. Cuando el barco hizo escala en las Islas Canarias, le escribí una carta a un primo tercero, que estaba en Caracas, pidiéndole que  si hacía el favor de  ir a esperarme cuando llegase al puerto de La Guaira. Lo más probable es que ni siquiera le llegase la carta a tiempo, o no quisiera saber nada de mi, o a lo mejor ya no residía en esa dirección.Mientra duró la travesía, hice algún amigo y amiga, pero al llegar al destino, cada uno siguió su camino y que yo sepa nunca más he sabido de ello@s.  Después de doce días en el mar arribamos a puerto el 27 de junio de 1957. del que desembarcamos 1.113 pasajeros, de los cuales 119 iban en primera clase y 994 en turista ( je,je,je, hay cosas que no se olvidan aún que pasen 60 años). Cuando llegamos todo el mundo a gritos con las manos levantadas, y al parecer a todos les esperaba alguien. Entonces me dije * voy a bajar al comedor, y por lo menos comer  hasta hartarme, no vaya a ser que tenga que pasar hambre unos días* y así lo hice. Fui el último en desembarcar y  al hacerlo… allí estaba mi tercer primo esperándome, al verlo fue tal la alegría que invadió mi cuerpo, que parecía que estaba flotando en una nube.

-Hola Santiago, ¿que tal estas,  has comido?.

-Estoy bien,  he comido, pero lo peor es que no tengo un céntimo.

-Eso está arreglado, no te preocupes.  Vámonos, que te tengo alquilada una pensión (hostal+comida y cena) y te voy a enseñar donde está, pero aún tenemos que recorrer la autopista de la Guaira

Y allá fuimos. Me prestó 100 bolívares, cambiados en billetes y monedas, y me enseñó el valor de cada uno. A excepción de mi familia más directa, no recordaba a nadie que se hubiese preocupado tanto por mi; y  a pesar de vernos poco el resto de nuestras vidas, él sabe que se lo agradecí para toda la vida, y que tenía un amigo para lo que hiciese falta.  Llegamos a la pensión, que constaba de 20 habitaciones, para obreros, y le dijo a la dueña ( que tanto llegó a quererme).

-Maríaaaa…

-queee…

dale a este hombre todo lo que te pida,  que si él no te lo paga, lo haré yo ( cosa que no hizo falta).

Al día siguiente,  cogí el bus y fui al centro de Caracas, a buscar trabajo en la construcción. Y  en este país empiezan otros diez años de mi vida.

 Continuará…

Retales de su vida (12)

El año siguiente después de salir de la cárcel, lo pasé trabajando en casa de mi padre, en las labores del campo.  En aquel entonces la empresa Rivas de Santiago de Compostela era la que estaba explotando las minas de Barilongo. Fui a pedir trabajo y me lo dieron. Trabajaba de entibador por 33 pesetas, que no llegaban para comer.  Los entibadores  apuntalaban y fortalecían con madera y tablas, las excavaciones, que ofrecían riesgo de hundimiento. Allí trabajábamos tres entibadores, y éramos de los pocos que tenían el privilegio de salir y entrar en las galerías sin ser cacheados, nada más que al terminar la jornada. El motivo era lógico, porque en nuestro quehacer diario, teníamos que salir a por madera, tablas, puntas… Gracias a esto yo sacaba algún mineral, lo dejaba escondido y cuando salía de trabajar, iba a por él. Cuando conseguía reunir un par de kilos, lo vendía en el mercado negro.  Estuve 22 meses trabajando así, pero como el sueldo no subía y la vida si lo hacía, me marché. Lo que si me sorprendió, es que cuando llegué a la jubilación, la empresa Rivas, había cotizado todos eses meses a la seguridad social.  Fue en esta época cuando conocí a  Benedicta Agrelo Rey, natural  de Noví, Ardaña de Bergantiñosla mujer, que más tarde me casaría con ella, más preciso sería decir que fue el 5/11/1.955  Al casarme, mi suegro José Agrelo Remuiñán, me pidió que fuese a trabajar con él en su fábrica de madera, y que ganaría más dinero que en la mina. Mi trabajo principalmente consistía en comprar pinos, robles, castaños, eucaliptos… y llevarlos a la fábrica para que los hijos de mi suegro los aserraran y trabajaran con  la madera haciendo tablas, tablón, etc. Me pasé dos años en este oficio.

A mi mujer y a mi, nos ilusionaba tener una casa para nosotros. Hablé con la Hermandad de Labradores,  y de llevar a cabo mi proyecto, me concederían un crédito de  100.000 pesetas(con esta cantidad nos llegaba)al 2% a través de la Caja de Ahorros. Mi suegro nos ofreció anticipar la herencia de su hija con una finca de 10 ferrados (Medida agraria, usada en Galicia, cuya superficie varía desde 4,288 hasta 6,395 áreas).  que tenía cerca de su casa. Empezamos sacando piedra y cuando nos parecía que llegaba para hacer la casa paramos.  Antes de seguir adelante y tratar con el contratista de la obra, le pedí a mi suegro que había que ir al notario y hacer la escritura a nuestro nombre, con lo que el estuvo de acuerdo, y acordamos ir el domingo, que era día de feria en el pueblo de Carballo, que en aquel entonces los notarios trabajaban los domingos feriados. Yo llamé a mi padre para que me  acompañase, y así poder comer todos juntos. Llegado el día fuimos andando unos 4 kilómetros al pueblo,  por cierto, yo cargado con un saco de habas, que me pidió la señora Dolores (mi suegra), que las llevase y así aprovechaba para venderlas en la feria.  Al final no hubo trato, porque mi suegro quería poner en el documento que cada año le tendríamos que pagar con 14 ferrados de trigo(Medida de capacidad para áridos en Galicia, que varía desde 13,13 hasta 16,15 l.).  Además de oponerme mi mujer y yo, el notario decía que eso no se podía poner porque no era legal, en un documento de anticipación de herencia,  punto que aprovechó mi suegro para volverse atrás, porque el hombre se había arrepentido. Ahh! se me olvidaba, mi padre también me había ofrecido dar la parte de la herencia que me correspondía.   Salimos de la notaría, fuimos igual a comer todos juntos, pero yo ya no estaba a gusto, con lo cual me empezó a rondar por la cabeza emigrar para las Américas. Y ese mismo día fui a una agencia que embarcaba a la gente, y me contestaron que no había problema, pero que tardaría unos seis meses, tiempo que yo no estaba dispuesto a esperar.   Le propuse a mi querida mujer, marcharme a Venezuela yo solo, y si todo marchaba bien a los seis meses vendría ella. Porque si la cosa no iba bien, sería más fácil, volver a Galicia, uno solo que dos.

Un conocido mio llamado Landeira, me dijo:

-Te voy a poner en contacto con un hombre de Malpica de Bergantiños, que se llama Ameixenda, y verás como en un par de meses, te arregla los papeles.

-He oído hablar de él, pero tiene fama de ser informal, y  el dinero que tengo aún no me alcanza para el pasaje, y no puedo permitirme el lujo de perderlo.

-Tú vas junto del, yo no me meto en el precio, pero si ese señor se te queda con el dinero sin arreglarte, te lo devuelvo yo, ¿confias en mi, no?

-Totalmente, gracias.

Este hombre me dio una nota y me fui a visitar al tal Ameixenda. Le pagué 16.000 pesetas y me arregló los papeles, médicos ( que había que tener tres certificados de médicos distintos) y el pasaje en un barco italiano” El Surriento” y en quince días todo arreglado.

Surriento

 

Y así fue como el día 15 de junio de 1.957, a las cinco de la mañana, sin previo aviso, me despedí de mi suegro.  Surriento1

 

 

A las once de la mañana ya estaba abordo del Surriento.

En la foto, escala del Surriento, en St. Cruz, Canarias, antes de partir hacia Venezuela

Continuará…

 

Retales de su vida (11)

Buitrago, era un  destacamento abierto con unos pabellones muy grandes.  Había instalado en él un cuartel de la policía armada. Al ser un campo abierto, la policía era muy seria, pero sin embargo nos trataban bien y no hacía falta que se les saludara en plan militar. Es verdad que la tentativa de fuga, era muy grande, pero al que lo intentaba ya se sabía lo que le pasaba…   Después de mucho tiempo, me llega un atisbo de suerte.  Al frente del destacamento estaba un teniente, nacido en Ferrol y allí en medio de 600 personas, solo éramos dos gallegos. Nos llevábamos bien y le conté todo mi caso; al que me respondió, que si no hubiese pasado tanto tiempo,  se podía hacer una reclamación al Ministerio de Justicia.

Aquí trabajábamos todos haciendo el embalse de Buitrago en el río de Lozoya, que era el que llevaba las aguas a Madrid. Si no recuerdo mal, creo que nos pagaban una peseta, y a los que trabajaban a destajo como yo,  de diez a once horas,  se nos pagaba el doble o el triple, que para aquella época era muy poco. Solo se trabajaba de día. Con respecto a Garganta de los Montes, la comida y el trato personal era mucho mejor, y no había que ir a misa. Por cierto, que el motivo de mi traslado a Buitrago, fue porque un día no quise ir a la confesión, y me castigaron con el traslado a este destacamento, y eso fue mi salvación.

Llega una orden de indulto a nivel nacional, para cierto tipo de casos. El teniente me informa,  e hicimos una solicitud al Ministerio de Justicia.  Recibo contestación, diciéndome que revisaría el caso. Cuando ya habían pasado 7 meses llega aprobado el indulto, y con un mes más, me llegaba para alcanzar la Libertad. Nunca había estado enfermo en mi vida y como tenía miedo de llevar un golpe, ese mes ya no fui a trabajar.  En total estuve privado de libertad 7 años y 8 meses. Cuando llegó el día, me dieron un pase para el coche de línea (autobús), para ir a Madrid y un billete de ferrocarril para   A coruña. La velocidad del tren era tan grande que cuando llegué a Galicia ya casi habían pasado 24 horas. Esa noche la dormí en A coruña. Al día siguiente cogí uno de los famosos trolebuses Coruña-Carballo que funcionaban con electricidad. De Carballo a la casa de mi padre en Calvelo fui andando que eran 9 kilómetros, y con la alegría que tenía, hice el camino sin darme cuenta.  Nadie contaba conmigo y yo quería darles una sorpresa, aunque mi padre tenía esperanzas que me indultasen, porque él también había escrito de su puño y letra al Ministerio de Justicia;  y le habían contestado.  Esa día se reunió toda la familia y estuvimos hablando toda la noche; mi padre de vez en cuando se emocionaba y echaba unas lágrimas.

Continuará…