Archivos mensuales: diciembre 2013

Retales de su Vida (10)

En Garganta de los Montes, estuve trabajando en una vía de ferrocarril que tenía  aproximadamente unos 3 kilómetros. Se hacían turnos de día y de noche quincenales. La maquinaria no existía para nosotros, se trabajaba con herramientas muy rudimentarias. En este lugar también murió mucha gente, pero en este caso era debido a los accidentes laborales.

Aunque la vigilancia era extrema, se practicaban recuentos diarios del personal , tanto  al salir del destacamento como a la vuelta.   La comida, dejaba mucho que desear, pero por lo menos algún día a la semana, nos daban cantidad hasta hartarnos. En el desayuno nos daban una taza de agua con dos pequeños trozos de pan duro, para hacer sopas.    Los domingos nos obligaban y llevaban a una iglesia que había cerca de allí.     Uno de los vigilantes era un fanático falangista, que  presumía con su insignia de las cinco flechas en la solapa de la chaqueta. Este cabrón de mierda, cuando estábamos en formación en aquel patio de tierra que había en el destacamento, pues pasaba por delante y nos pisaba con fuerza en la punta de los pies. También solía hacerlo en la cola que se hacía para recibir la comida. Cuando uno se cruzaba con él, había que levantar la mano y saludarlo en forma militar. Se hacia llamar Don Estévez. Por mi  parte me gané la fama de tipo duro, sin darme cuenta; al parecer era el que más fuerte le daba con un martillo grande, a las vías; y la verdad es que desde que me lo dijeron, me fijé y me di de cuenta de  que mis martillazos resonaban muchos decibelios por encima de los demás. Quizás sería porque pensaba en cada martillazo que quien estaba debajo eran los pies del puto falangista, y yo creo que él lo intuía, porque para mi el porcentaje de pisotones, era menor. En los dos años que estuve aquí, intentaron la fuga varios presos; yo no se si lo consiguió alguno, pero lo que si se, porque lo vi con mis propios ojos es que uno que lo intentó, lo atraparon y lo mataron a palos delante de nosotros.

Me llegó otro traslado, y también esta vez me quedo en la comunidad de Madrid, ahora me llevan para Buitrago.

Continuará…

Retales de su vida (9)

Me juré a mi mismo que el día que saliese de prisión, iría a por aquél hijo puta de guardia civil llamado Ricardo. Pero yo no era un asesino y después de 7 años privado de libertad, ves las cosas de otro modo.  Incluso vendí una pistola que tenía de 9mm. parabellum  o del nueve largo como le llamábamos entonces.   ¡ahh!,  que se me olvidaba;  mi hermano el mayor,  Gumersindo, fue a la guerra española y estuvo de ordenanza de un Teniente en la retaguardia en Asturias. Básicamente lo que hacía era recoger el armamento que se iba quedando tirado de los soldados que iban cayendo en combate. Y cuando venía de permiso traía baúles llenos de pistolas del nueve corto y del nuevo largo y gran cantidad de cajas de balas, que vendía y sacaba un buen dinero. Pero yo creo que en aquella época los jóvenes éramos más responsables y teníamos mayor respeto hacia los demás, de hecho la mayoría podíamos andar con una pistola en la cintura, y no pasaba nada.

Después del juicio, me trasladan a la cárcel provincial de Madrid. Salimos de A coruña en tren, 5 presos y una pareja de guardia civiles. Hicimos una parada en Palencia,  a donde iba destinado uno de los presos. Allí, según parece tenía que llevarnos un coche a Madrid; pero uno de los presos intentó la fuga y se armó tal revuelo que al final nos llevaron en tren. Por cierto, que al fugado lo apresaron y nunca más hemos sabido de él. En el penal de Madrid, debí de estar aproximadamente un mes y después me llevaron para el de Guadalajara. Nunca pensé en morir, hasta que llegué aquí.  En esta cárcel todos los días moría gente de hambre. La comida no llegaba para vivir, el agua era escasa, dormíamos en el suelo, y los piojos, las pulgas y los chinches estaban por todos  lados. calculo que éramos más de 300 presos para un lugar de 100 como máximo.  Una vez por semana, nos daban dos horas para lavar la ropa, y cuando la echabas en aquellos baldes, las pulgas, piojos, chinches… salían a flote y el agua quedaba teñida de bichos.  En este infierno pasé dos meses, pero como era joven y fuerte, logré sobrevivir hasta mi traslado a un campo de trabajo en Garganta de los Montes, donde estuve dos años.    (pero eso es otra historia).

Continuará…

Retales de su vida (8)

Era por la tarde y estaba yo en las fiestas de San Salvador en Sofán.  Aquella romería estaba llena de gente.  Antes del anochecer  yo y un compañero nos marchamos para A Ramiscosa, otra aldea que estaba a 3 kilómetros. Sobre las doce de la noche en el campo de la fiesta de San salvador se inició una pelea entre la juventud, y acabó con un joven muerto. En aquel momento y con el follón que había allí montado, nadie sabía quien era el culpable; pero dos de los allí presentes que no se llevaban bien conmigo, corrieron la voz de que había sido yo.  Al día siguiente por la mañana me entero de lo ocurrido. Dos días después vino la guardia civil a  casa de mi padre y me llevaron esposado. Los diez kilómetros que separan mi casa del cuartel de la guardia civil en Carballo, fueron un cúmulo de malos tratos, tanto físicos, como verbales. insistía en que era inocente y que por favor, que llamaran a las pruebas que les estaba dando, pero ellos en vez de comprobar, decían que mentía. Al llegar al cuartel, un guardia civil de mayor rango llamado Ricardo, me pegó unos diez palos seguidos con una especie de bastón, que era la porra de aquel entonces. Quería que firmase mi culpabilidad en una declaración; y le dije que ya podían ir matándome que jamás firmaría eso. Cada vez que insistía en mi inocencia y les rogaba que fueran a las dos aldeas a preguntar, y,  verían como estaba diciendo la verdad, ellos más me amenazaban. La palabra injusticia ni la podía pronunciar, sino ya era palo seguro.

Me llevaron ante el juez a declarar, pero no me sirvió de nada. En aquella época había cárcel en Carballo, donde pasé 17 meses.  Estábamos allí metidos 20 presos. Todo este tiempo, estuve mantenido por mi padre y hermanos, porque aunque el estado mandaba unos haberes a los presos; quien se quedaba con ellos era el cabrón del Zamora, carcelero municipal. Yo tenía 19 años, pero cada vez que reclamaba los haberes que me correspondían, las amenazas del desgraciado del Zamora, subían de tono. Me trasladaron a la carcel provincial en A coruña, donde estuve un año. Se celebró el juicio, pero mis testigos no valieron de nada, en contra de dos testigos falsos y me condenaron a 14 años 8 meses y 1 día.

Continuará…

Retales de su vida (7)

Más de una semana llevábamos mi hermano el mayor y yo  sin poder acercarnos a la mina, por la presencia exagerada de carabineros. Yo sabía de un pozo que daba mucho mineral y le dije a mi hermano; me hace falta dinero, así que voy a arriesgarme, si no vienes, voy yo solo.

Era de noche y  caía una fina lluvia. Muy cerca de donde estaba el mineral que nos estaba esperando, había un puesto de vigilancia y dentro se oía hablar a varios hombres y mujeres (probablemente prostitutas). Decidimos turnarnos y mientras uno vigilaba el otro trabajaba. En una de estas,  estoy yo de vigía y escucho:

-bueno… ahora vamos a dar una batida por el monte, y hay que recoger todo el mineral que vayan abandonando y a ser posible no dejamos nada, que todo el que teníamos ya lo hemos vendido. A todo aquel que detengamos le damos una buena paliza.

– Pero a lo mejor no hay nadie, (dice otro vigilante).

-Ya verás como pasa de doscientas personas.

No sabría decir la gente que había , pero cuando empezaron los tiros,  aquello parecía una ciudad alumbrada con luces de carburo moviéndose a toda prisa de un lado para otro. Uno que dormía en nuestra pensión, fue apresado y le dieron tal paliza, que el hombre no se recuperó nunca más y murió de allí a un par de años. Por nuestra parte después de correr unos 5 kilómetros, lavamos el mineral y  conseguimos por él 3000 pesetas,  que ya nos daba para una buena temporada.

Entrando en el año 43, la cosa se empezaba a poner fea y decidí no volver a la mina.

    Continuará…